- En Marruecos,
¿a que hora se come?
- Cuando tenemos
hambre.
Eso
es lo que mas me gustó de la vida en el desierto: vivir sin reloj. Los
habitantes de la región mas seca del país se levantan con el sol, comen cuando
tienen hambre y van a dormir cuando tienen sueño. Yo hice lo mismo: me saqué el
reloj, lo escondí en un bolsillo, y me dejé llevar por el ritmo del viaje.
En
el post anterior hice una breve introducción al desierto del Sahara marroquí.
En esta segunda parte, hablaré de sus habitantes que, en su gran mayoría, son
bereberes.
Los
nómadas
Algunos
habitantes del desierto llevan una vida nómada, que no significa que duerman en
un lugar distinto cada día. Los nómadas viven de la ganadería, de los rebaños
de cabras. Para eso buscan zonas donde puedan alimentarlas y se instalan
durante una buena temporada, que pueden ser meses. Viven en núcleos familiares
y comparten una o varias tiendas (haimas). Cuando la región ya no puede proveer
lo que necesitan, se trasladan a otro lugar.
![]() |
placa solar para generar electricidad, tienda que sirve de espacio común y dormitorio, y tienda-cocina al fondo |
![]() |
en el desierto hay pozos de los cuales pueden sacar agua |
Uno
de los días de viaje acompañamos a una chica nómada a pasturar las cabras.
Salimos muy temprano, poco después de la salida del sol, cuando todavía no
hacía mucho calor. Caminábamos lentamente, haciendo paradas mientras las cabras
de alimentaban de los arbustos. El perro vigilaba que ninguna cabra se quedara
atrás, y de paso, nos vigilaba a nosotros, y nos miraba fijamente, pero sin
decir nada, si nos quedábamos atrás (¿formábamos parte del rebaño?).
![]() |
cabrita desayunando |
![]() |
la comida de las cabras (¡mirad que pinchos!) |
Había
mucho silencio. Como he dicho, el perro no ladraba en ningún momento, sólo se
acercaba a las cabras y las seguía para marcar el rumbo. La pastora, para
dirigir el rebaño, les lanzaba piedras sin tocarlas. Que calma. Sólo se
escuchaba el vuelo de las moscas y cuatro viajeros que descubrían por primera
vez aquellos parajes.
![]() |
el terreno de pastura – por suerte había algunas sombras |
Los
nómadas hablan berebere y, al menos los que conocimos, no hablaban ningún
idioma extranjero (normal, porque tampoco les hace falta). Así que no pudimos
hablar mucho con la pastora que acompañábamos, aunque si que conseguimos
comunicarnos un poco, con dibujos. Encontramos una madriguera que tenía rastros de
animal delante de la entrada, y queríamos preguntar de qué animal se trataba.
Dibujamos un ratón con un palito en la arena, y negó con la cabeza. Probamos de
dibujar una lagartija, y esta vez asintió. ¡Habíamos conseguido entendernos sin
palabras!
La
región donde estábamos sufre sequía extrema desde hace años, lo que ha
dificultado todavía más la vida de los nómadas. Muchas familias han decidido
abandonar su estilo de vida para asentarse en un pueblo, como Youssef y Said,
que conocimos la noche que pasamos entre las dunas. Ellos fueron nómadas y hoy
en día se dedican al turismo, acompañando los viajeros que quieren descubrir el
desierto.
![]() |
esto había sido un río, hace años, pero ahora está completamente seco |
Los pueblos
Visitamos
tres pueblos del sur de Merzouga: Jdaid, Ouzina y Ramlia. Son pueblos pequeños,
tan pequeños que no salen ni los mapas. Están formados por pocas casas,
mayoritariamente de familias que habían sido nómadas. Por las calles se podían
ver niños jugando y gente sentada, charlando o tomando un té. Realmente, era
otro ritmo de vida, más lento, más pausado.
![]() |
Ouzina |
Nuestro
guía, Hassan, también había sido nómada cuando era pequeño. Cuando tenía 8
años, su familia se instaló en Ouzina, un pueblo de 19 familias donde fue al
colegio durante dos años. En la escuela aprendió francés, pero el español lo ha
aprendido con los viajeros. Está muy enterado de lo que pasa por el mundo y
puede discutir sobre cualquier tema. Fuera del colegio, la vida le ha enseñado
lo que necesita.
![]() |
Jdaid |
Hassan
nos contó que, de pequeño, veía pasar los pilotos del Dakar. Cada año los niños
esperaban con ilusión que pasaran los pilotos del rali más famoso del mundo,
que les llevaban caramelos y bolígrafos. Además de caramelos para los niños, el
Dakar aportaba unos 3 millones de dirhams (unos 300 000 euros) a Marruecos.
Ahora, lo único que queda del Dakar son algunos pilotos que vienen para
entrenarse, y algunos viajeros aventureros que hacen rutas en 4x4, quad o moto.
Como curiosidad: Jordi Arquerons, ex-piloto del Dakar, tiene una empresa de
excursiones en moto.
Todos
los pueblos que visitamos tenían algunos elementos en común: una mezquita, una
escuela, una asociación y los jardines.
![]() |
mezquita de Ouzina |
En
Jdaid visitamos el colegio, que tiene una sola clase, la casa del maestro, y un
patio alrededor. La maestra es originaria de Meknes, a 800km, y enviada
a Jdaid por el gobierno. Las clases se imparten en árabe y también aprenden el
francés (lo que quiere decir que, ya de pequeños, entienden 3 idiomas, contando
su lengua materna, el berebere). La maestra da clases a tres niveles al mismo
tiempo, y la escuela tiene 6 niveles. Unos niños van por la mañana y los otros
por la tarde.
Cuando
llegamos nosotros estaban dando clase de francés. Los niños y niñas salían a la
pizarra uno a uno, para leer una frase. Como uno de mis compañeros de viaje es
francés, y yo también lo hablo, nos hicieron salir para leer la misma frase (me
pregunto qué acento les sonaría mejor, ¿sería el mío?).
![]() |
escuela de Jdaid |
Los
tres pueblos, Jdaid, Ouzina y Ramlia, tienen una asociación cada uno que trabaja
con fondos internacionales para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Las
asociaciones tienen talleres de artesanía para mujeres, donde fabrican
artículos que venden a los viajeros. Algunas tienen salas donde se hacen
talleres para los niños cuando no están en el colegio. En Ouzina, gracias a la
colaboración con organismos internacionales, han instalado placas solares que
permiten extraer agua de un pozo y canalizarla hasta el pueblo (financiamiento
francés), un pozo con placa solar para dar agua a los animales (financiamiento
de Andorra) y ordenadores y placas solares para la escuela (financiamiento de
Madrid).
![]() |
taller de artesanía en la asociación de Jdaid |
![]() |
Dibujos hechos por los niños en la asociación de Ouzina |
Los
jardines son zonas de cultivo que utilizan las aguas subterráneas extraídas por
los pozos. Tienen palmeras que producen dátiles, verduras y plantas aromáticas.
![]() |
jardines de Ramlia |
En
Jdaid cenamos un día en casa de una familia del pueblo, conocidos de Hassan. La
casa es un edificio de tierra de una sola planta, con una gran sala en la
entrada, varias habitaciones y una cocina. Nos invitaron a tomar un té con
menta en la sala de los invitados, una bonita habitación cubierta de alfombras,
con algunos cuadros, cojines y una mesa maja en medio. Nos preguntaron si
queríamos cenar al estil tradicional, hombres y muejres por separado, y mi
compañera de viaje y yo aceptamos. Los dos chicos se quedaron en la sala de los
invitados y nosotras pasamos a otra sala, mucho más pequeña, cubierta con
mantas y una mesita redonda en el centro.
Cenamos
con las mujeres de la casa, la madre y sus hijas, que no hablaban francés ni
español. Comimos casi en silencio, escuchando las risas que venían de la sala
de los invitados, donde estaban los chicos. De vez en cuando la madre berebere
nos miraba y nos hacía el gesto de comer con las manos y decía algo que
interpretamos como ‘come, come’.
Cenamos
cuscús con verduras, todas de un mismo recipiente común con una cuchara.
Después cominos la carne (que había sido cocinada con las verduras, pero
separada antes de empezar a cenar), también de un plato común, pero con las
manos. De postre, fruta: mandarina y granada. Cuando terminamos, la madre
berebere recogió las pieles de la fruta en un plato y las troceó. La miramos
con curiosidad y señaló hacia fuera. Creí adivinar que las pieles eran para las
cabras, y para confirmar, le dije ‘beeeeee?’. Asintió con la cabeza y todas nos
echamos a reír. Hay formas de comunicación que son internacionales.
![]() |
horno comunitario en Ramlia |
No hay comentarios:
Publicar un comentario